31 marzo 2013

Cuando sea el momento, lo sabrás

Matthias Schoenaerts es Alain, padre que se encuentra él solo a cargo de Sam, por lo que va a caer en la casa de su hermana. Es también luchador, pues se gana la vida como puede. Una noche, en un trabajo de seguridad, conoce a Stéphanie. Ella, la bonita e indudablemente talentosa Marion Cotillard, es una joven que disfruta de bailar y seducir. Ninguno de los dos sabe muy bien cómo pero logran entablar esa misma noche una conexión.


Sus días siguen por separados. Él siendo padre de a ratos, teniendo algunas relaciones casuales, y metiéndose en dudosos negocios. Ella, en Mundo Marino, coreografiando "Firework" de Katy Perry junto a las orcas. Hasta que tiene un accidente del cual despierta en un frío cuarto de hospital con sus piernas amputadas y sus sueños rotos.

Lo que vuelve a unir a estos dos personajes, es una llamada de Stéphanie, mientras se encuentra sola y triste. Y lo que sigue es una historia de ¿amor? (sí, sin dudas). Es una historia dramática y dura sobre dos personas que no tienen idea de cómo es el amor, por eso no saben tratarse. Él es tosco, poco sensible; ella acepta lo que él le da del modo en que se lo da, aunque a veces haya mil preguntas que no haga o quiera decir cosas que calle. Y es que en realidad se aceptan así, sin intentar cambiar al otro. Y cerca del final sucede algo más, algo terrible que te hace pensar ¿es necesario que me quiera hacer sufrir TANTO esta película? Pero sí, es necesario. No para nosotros quizás (o sí, cada uno sabrá), sino para Ali, porque es lo que le hace darse cuenta de lo que siente por fin.


Sólo me resta comentar que nunca pensé que iba a llorar con una escena musicalizada por Katy Perry, pero la segunda vez en la película que suena "Firework" es realmente muy conmovedora, y en gran parte es gracias a Marion, que sabe expresar tanto con su rostro.