22 febrero 2015

Las películas nominadas a los Oscars 2015

Llegó el día nomás. A diferencia del último año no llegué a desarrollar mejor acá las categorías principales y cómo creo y también cómo quiero que se den estos premios, más allá de haber visto casi todas las películas nominadas (me faltaron algunas extranjeras, algunos documentales y muchas animadas). Pero a la vez, este año no puedo ser ni un poquito objetiva. Yo quiero todo para Wes Anderson, aunque sé lo poco probable que es que eso se suceda. Me limito a dejarles mi opinión sobre cada una de las películas nominadas a la categoría mayor, linkeando mis críticas.


Boyhood. En realidad no tuve oportunidad de escribir sobre la película pero en este artículo hablo sobre el director y también sobre esta curiosa película que va a pasar a la historia. Y porque, obviando la de Wes Anderson, es la que más me gustaría que ganara.

Birdman. Mi crítica lo dice todo.


The theory of everything (la crítica de abajo es la mía)

The imitation game. Una de las películas más nominadas y sin embargo creo que será bastante olvidada.

Selma. Nominada por corrección política seguro y nada más.

Whiplash. La única película de la cual no tuve oportunidad de escribir en absoluto, pero sin duda una de las sorpresas del año. Muy intensa y recomendable.

20 febrero 2015

Por qué creo que Wes Anderson merece ganar en los Oscars

Se acerca la fecha. El domingo es el gran día. Bueno, les dejo un artículo que escribí para El Espectador Avezado. Porque como me conocen mucho por acá, él es mi gran ídolo y por lo tanto el texto no deja de ser muy personal, no importa cuánto intente ser objetiva.


Escribir sobre este hombre es algo que me resulta tan fácil como difícil, así de contradictoria como soy con muchas cosas en mi vida. Por un lado, me encanta explayarme sobre él, y podría hacerlo por horas. Por el otro, me es difícil organizar todo lo que hay en mi cabeza.

Son muchos los méritos que tiene Wes Anderson y su última película, El Gran Hotel Budapest, para llegar a ser una de las dos películas más nominadas a los Oscars y que ya tiene en su haber otras estatuillas como la de los Golden Globes o la del sindicato de guionistas (Writers Guild Awards). Uno, es que se convirtió en un impresionante éxito de taquilla, sorprendente incluso para un director cuya película anterior, Un reino bajo la luna, ya empezaba a mostrar atisbos de encantar a gente que no solía gustar de su cine.

Además, El Gran Hotel Budapest es de las películas nominadas que más temprano se han estrenado en el año, por lo que el hecho de que se la siga teniendo tan en cuenta habla de algo que no es fácil de pasar por alto, un producto que vale la pena seguir teniendo presente. Y de paso, el film logra algún reestreno (sucedió en algunas ciudades de EE.UU. pero también en nuestro país).

Pero el detalle principal que hace especial, al menos para quien les escribe, una ferviente admiradora de su cine desde hace diez años, es el hecho de que Wes Anderson no tuvo que cambiar o abandonar su esencia para llegar a donde está ahora. Mientras en una época el director tenía su círculo de fanáticos pero también una horda de detractores (que los sigue habiendo, pero el bando ya no es tan claramente delimitado), y parecía estar destinado a ser un director al que sólo se lo podía amar u odiar, logra llegar a más gente con una historia que tiene muchos de los rasgos de su cine y una impronta visual con cada uno de sus sellos y más consciente que nunca de su estilo.

Wes Anderson no cambió para enamorar a Hollywood, maduró, sí, pero siguió siendo tan fiel a sí mismo como lo fue siempre.

¿Quién es este director? Es difícil imaginar que hoy en día alguien que disfrute del cine no sepa quién es Wes Anderson. El joven director oriundo de Texas y estudiante de Literatura comenzó a escribir guiones para luego filmarlos junto a su amigo Owen Wilson y sus hermanos.

Mientras su carrera comenzó con el pie derecho, con el corto seleccionado por Sundance y la posibilidad de hacer su largometraje homónimo, Bottle Rocket, la carrera de Wes Anderson no fue toda cuesta arriba.


Con su primer largo no le fue bien pero al menos pudo captar la atención de alguien como Martin Scorsese, con quien luego intercambiaría películas europeas que le sirven de inspiración para cada uno de sus películas, y conversaciones interminables sobre cine.

No importa que una de sus mejores obras sea su segunda película, Rushmore, donde además descubre, como dice el crítico Matt Zoller Seitz (que escribió el bello libro que todo fanático del director debería tener en su casa, The Wes Anderson Collection), que Bill Murray estaba triste.

Recién para su tercer largometraje Wes Anderson logra un elenco multiestelar, el primero de varios, y sigue sumando gente a su grupito de actores que repitirá película a película, como Anjelica Huston. Hablo de Los excéntricos Tenenbaums, una comedia agridulce sobre una familia con niños que prometían ser genios pero en su adultez son fracasados y se encuentran deprimidos, que viven con la sombra de un padre que los abandonó y que para recuperarlos alude a una falsa enfermedad terminal.


A Los excéntricos Tenenbaums le va bien en crítica y taquilla y es entonces cuando el director tiene la posibilidad de filmar con un presupuesto mucho mayor al que acostumbraba. Disney le produce la aventura de La Vida Acuática de Steve Zissou, con Bill Murray como un oceanógrafo que acaba de perder a su mejor amigo por un tiburón jaguar al que quiere cazar sólo para matarlo. Pero esta vez no le va bien y el film termina siendo un fracaso, lo que convence al director de volver a filmar con presupuestos pequeños. Y tras un viaje por la India junto a Roman Coppola y Jason Schwartzman, los tres escriben el guión de Viaje a Darjeeling, una historia sobre tres hermanos que vuelven a encontrarse tras la muerte de su padre para realizar un viaje espiritual a través de la India, que no va a salir para nada como estaba planeado.

Sin embargo, cuando se hablaba sólo de cómo Wes Anderson continúa repitiéndose a lo largo de sus películas, él se anima a realizar Fantastic Mr. Fox, que se caracteriza por ser su primera película animada, con la técnica del stop motion, y además su primera adaptación (antes eran sólo historias originales escritas en compañía de algún amigo como al principio lo fue Owen Wilson), de un cuento de Roald Dahl. El resultado es un film muy peculiar, de aquellos que probablemente disfruten más los adultos que los niños.


Y en su próxima película, pone a dos niños como el centro de la historia. Decide mostrar el amor inocente entre dos niños que quieren escaparse para estar juntos. Un reino bajo la luna es una historia de amor con inocencia pero en la cual los chicos no actúan como la mayoría de los niños, sino que parecen más adultos que los propios adultos, los cuales se encuentran inmersos en sus traumas y tristezas. Y Wes Anderson logra encantar por primera vez a un público más amplio, que se enamora con los protagonistas de esta historia.

Entonces aparece El Gran Hotel Budapest, una película ambiciosa, que desborda de su estilo visual, con un elenco multiestelar comandado por un Ralph Fiennes nunca visto antes (si me preguntan, la nominación que le faltaba a la película era ésta).

Wes Anderson no deja de ser él mismo e introduce temáticas recurrentes: repite la presencia de un narrador, como el de Los excéntricos Tenenbaums, pero acá le pone rostro; el protagonista, un hasta el momento desconocido Tony Revolori, es huérfano y va a encontrar a su familia en este hotel; hay muerte, pero esta vez ésta se encuentra multiplicada mientras Anderson se permite introducirse al género de policial pero sin abandonar su peculiar humor; y hay una historia de amor entre jóvenes que “estábamos completamente solos en el mundo y profundamente enamorados”.


¿Quién no querría ser un botones en el hotel Grand Budapest? El amor que Wes Anderson le imprime a cada una de sus películas, donde trabaja siempre con una sonrisa en su rostro (y si no me creen los invito a ver los detrás de escena de cualquiera de sus películas, que se encuentran tanto en los extras de los dvds como online) y está atento a cada detalle, sin dejar un objeto, un color, una sombra, una canción (porque la música es fundamental en cada una de sus películas) librada al azar. Así, siendo más él mismo que nunca, enamora a un público que en los primeros días tras su estreno logra recaudar 800.000 dólares en sólo cuatro salas.

¿Merece El Gran Hotel Budapest ser ganadora en los Oscars? Es obvio no puedo contestar otra cosa que sí, absolutamente. Aun cuando intento separarme de mi admiración incondicional hacia todo lo que hace este hombre, no puedo dejar de pensar el avance que sería en una academia generalmente tan predecible y correcta decida jugarse por premiar un film como este. De todos modos, la cantidad de nominaciones que recibió es un logro impensable hace apenas unos pocos años atrás para el director.


Ahora, ¿tiene buenas chances la película? Si me preguntan, creo que la única de las estatuillas principales que realmente tiene chances de llevarse es la de Mejor Guión. Entre Birdman y Boyhood se disputarán las categorías principales y ninguno de ellas debería ser al menos en esa terna una fuerte competencia para la película de Wes Anderson. Después, claro, entre tantas nominaciones, algunas técnicas, como Mejor Producción de Diseño por ejemplo.

Pero vuelvo a resaltarlo: que hoy una película de Wes Anderson esté nominada a 9 premios Oscars es algo que ni yo, que lo quiero y lo apoyo en todo lo que hace, hubiese podido predecir. Pero lo hizo, y si bien siempre digo que estos premios para mí no son garantía de nada (sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de las ganadoras nunca son las que yo premiaría), no deja de ser un reconocimiento enorme y que le seguirá abriendo puertas, si es que acaso él necesita más, para hacer lo que quiera, para seguir construyendo universos hermosos y únicos en los cuales me gustaría encerrarme a vivir.

No es fácil ser una manzana verde


Foto: @stylinfood instagram

18 febrero 2015

La importancia de escribir


Gracias a esa necesidad de escribir de Elizabeth Wurtzel es que somos afortunados de poder leer su gran libro autobiográfico que es Prozac Nation. En él escribe, casi al finalizarlo: "When I finally have to explain my motives for writing this book, it really does come down to wanting to feel less lonely in this lonely feeling".


También en palabras de mi querida Lana del Rey, lo importante de poder sentarte a escribir.

Mientras tanto, yo sigo escribiendo. Para mí, porque no puedo evitarlo. Porque es mi modo de catarsis. No necesito que nadie me lea, necesito leerme yo y quizás con el tiempo entenderme.

09 febrero 2015

Sutil diferencia



Ay, Marnie, Marnie, Marnie. Such a beautiful mess. Me gustabas cuando empezaste a derrapar, cuando se te cayó la fachada de muchachita perfecta. En algunas cosas me hacías acordar a mí. Pero lo tuyo es cada vez peor, no sé si sentir pena o qué.

20 enero 2015

¿Puede una canción de amor salvar tu vida?


Después del amor, llega la obsesión. Y así como hace poco me declaraba obsesionada con Lana del Rey hasta el punto de no poder dejar de escucharla en ningún momento, ahora di rienda suelta a otra obsesión mía, siempre sanitas. Ya conté que me gustó mucho la película Begin Again hasta el punto de formar parte de mis diez películas favoritas del año que nos dejó. Bueno, una de las peores o mejores cosas que pude hacer en mi vida es incluir el soundtrack de ese film en la playlist de mi ipod. Pero lo más reciente es mejor.

Si bien ya había escuchado el tema Lost Stars incontable cantidad de veces, armé en mi iPod una lista con sólo dos canciones. Mejor dicho: una sola canción, dos versiones. Y sí, Lost Stars es esa canción.


Y saber que fue nominada al Oscar y que el 22 de febrero va a ser interpretada en vivo sólo me emociona más. Sí, soy la tonta que se emociona así, con películas, con música. Porque cuando digo que pongo Lost Stars en continuado no es que lo hago pero en algún momento dejo de prestarle atención, como para quedar de fondo. No, cada una de las cientos de veces que la he escuchado, me quedo prestándole atención a la letra, cantándola para mis adentros o, si estoy sola como sucede más seguido ahora en mi lugar de trabajo por las vacaciones, en voz un poco más alta. Y me emociono. Es así.



Ahora, ¿qué versión me gusta más? Difícil. Ambas me fascinan, como les dije, intercalo entre una y otra. Y depende de mi día, de mi momento, me gusta más una u otra. Aunque creo que me corro un poquitito más para el lado de la de Keira.

Lo cierto es que esta es la canción que más me ha acompañado en los últimos meses, que más conoce mis recorridos en colectivos o en cafeterías por la tarde, o cada rincón de la oficina en que trabajo.

19 enero 2015

Inquebrantable

Si supiera que debo pasar de nuevo por esas experiencias, me mataría.

Finalmente he terminado de leer el libro "Unbroken" escrito por Laura Hillenbrand. Claro, el motivo por el cual decidí hacerlo fue la película que Angelina Jolie dirigió (y aún no veo, la estrenan acá a fin de mes), porque es por esa noticia que pude conocer a Louis Zamperini y de qué iba su historia.

Poco sabía en un principio. Este libro de casi 600 páginas me costó bastante leerlo, no sólo por lo extenso, sino porque por momentos se tornaba reiterativo. Lo que hace Hillenbrand acá es algo parecido a lo que hizo Truman Capote con "A sangre fría", pero una de las cosas en las que falla, es que si bien Capote no se incluye a sí mismo, se percibe un punto de vista, se percibe aunque no esté explícitamente la presencia de alguien más en la historia. Acá no. Hillenbrand cuenta todo en tercera persona, un sinfín de detalles y anécdotas que complementan a la historia pero a veces también la recargan, y un poco te distancia.

Ojo, el libro me ha gustado, aunque me haya tomado un tiempo largo leerlo. Y no sólo eso, sino que es un libro con una historia terrible. Sólo los primeros capítulos, en los que Zamperini está más enfocado en correr que en otra cosa, son livianos, si es que es ésa la palabra. Aun muy avanzada la historia, cuando parece que llegamos a un lugar más luminoso, siguen apareciendo cosas que te dejan mal. Por eso también es un libro difícil de leer todo de corrido, te consume.


Bueno, ahora me resta ver la película. Si bien no escuché ni leí muy buenos comentarios al respecto, confieso que me da un poco de pena que no haya llegado a destacarse en la temporada de premios como muchos y seguramente Angelina confiaban en que iba a suceder. No sé cómo estará contada, pero me aterra la idea de que quiera abarcar todo lo que abarca el libro, es decir, toda la vida de Zamperini, toda una vida, porque es imposible. Creo que si yo fuera ella hubiese decidido enfocarme en la parte más interesante (y terrible, sí) de la historia.

Otro detalle que me gusta es el elenco elegido. Y el que más me llama la atención es este músico llamado Miyavi a quien eligió para ser el villano, apodado "The Bird". Tiene una apariencia interesante y confío plenamente en su performance, aunque sea su primera película.



15 enero 2015

¿Quién no querría serlo en el hotel Grand Budapest?

Photo via Creative ReviewSoy seguidora del cine de Wes Anderson desde hace alrededor de diez años. La primera película suya que vi fue The Life Aquatic With Steve Zissou, que tras ver el trailer esperando que sea una comedia me sorprendió y emocionó además de encantarme con una singularidad en las imágenes y la música que pocas veces había descubierto. A partir de ahí no pude parar y seguí viendo todas sus películas. Voy a ver todas sus películas al cine y hasta las repito. Me las sé de memoria, cada imagen, cada palabra, cada gesto, cada detalle. Obsesivo lo mío, sí.

Mi preferida, como me cansé de mencionar por estos pagos, será siempre The Royal Tenenbaums.

La cuestión es que repetí muchas veces, por acá y por cada una de las redes sociales por las que deambulo, que para mí premios como los Oscars no son garantía de nada, ya que en general no comparto sus gustos. Pero esto no impide que hoy estalle de alegría, porque sí soy consciente de todos modos del reconocimiento enorme que éste es. Y hoy se anunció que The Grand Budapest Hotel tiene 9 nominaciones (si hubiese quedado nominado Ralph Fiennes como actor, cosa que me hubiese encantado claramente, el número sería redondo y único), al igual que una de sus fuertes competidoras, Birdman (película con la cual no me gustaría nada que perdiera).



No sé realmente cuántas chances tenga de llevarse a su casa las estatuillas más relevantes, aunque las ilusiones la tengo. Sobre todo teniendo en cuenta que en los recientes Golden Globes su película ganó por sobre su mencionada competidora (al menos como Mejor Película, ellos se llevaron inexplicablemente el de Mejor Guión y, predeciblemente, Mejor Actor). De todos modos, si Boyhood le ganara no me molestaría.

Ahora resta esperar al 22 de febrero para saber qué va a suceder con todo esto. Mientras tanto mi alegría es inmensa porque es cuestión de remontarse un poquito atrás, no mucho, unos pocos años, para darse cuenta de que este éxito que hoy está teniendo mi director de cine favorito no era de imaginarse. Siempre supe que es un realizador muy de nicho, sus películas pueden ser tan amadas como odiadas, pero con las últimas películas logró encantar a un público más extenso y hoy es una de las películas que no faltan en cada uno de los premios de la temporada. Si les interesa, en Rushmore Academy (web page de la cual me siento muy orgullosa de ser parte) intento actualizar seguido todo lo que va sucediendo con su película.

06 enero 2015

Siempre así

Ya me explayaré un poco más sobre lo mucho que me gustó esta película, sobre todo por lo honesta que se siente. Pero hoy me quedo con el final (perdón a quienes no la vieron).



Elijo esta parte porque me recuerda demasiado a la relación que tengo con mi novio. Tirados en el sofá, con una taza de té, cómodos aunque uno esté una parte sobre el otro, y siempre dispuestos a ponernos a ver una película. Así suelen ser mis fines de semana. 

05 enero 2015

Diane Keaton, ahora y siempre.

Un día como hoy nació Diane Keaton. Y me pareció una buena excusa para dejar registrado acá (me gusta transcribirlas, ya sea a mano o por computadora) algunas de mis muchas frases favoritas sacadas de su libro, "Ahora y siempre". Porque lo subrayé mucho y eso en mí es una muy buena señal.

Quería ser Barbra Streisand cantando "Never, never will I marry; born to wander till I'm dead". Nunca me casé. Nunca salí con un chico "en serio".

¿Qué es la felicidad al fin y al cabo? Insensibilidad. Eso dijo Tennesse Williams.

Aunque agridulce, el mensaje estaba claro. El amor se apaga. Woody se arriesgó; dejó que el público sintiera la tristeza del adiós en una película divertida.

El humor nos permite pasar por la vida con un mínimo de dignidad. Nos ofrece una forma inofensiva de soportar lo absurdo de la existencia.

¿Qué es la perfección al fin y al cabo? Es la muerte de la creatividad, creo yo, mientras que el cambio es la piedra angular de las nuevas ideas.

Dejaré de emprender proyectos inacabables y de adoptar soluciones estúpidas para llevar una vida plena.

Recordé la promesa que me había hecho a los dieciséis años de no tener relaciones sexuales antes de casarme. Por dios, me habría perdido muchísimo, sobre todo teniendo en cuenta que no me he casado nunca.

Comprendí que toda el amor del mundo no puede amortiguar la realidad del dolor.

Mi madre sabía una cosa: todo se reduce a la familia. Un día nos damos cuenta de que hemos pasado la vida con unas pocas personas. Es mi caso. Tengo una familia; dos en realidad, o tres, pensándolo bien. Están mis hermanos, y están mis hijos, pero también tengo una familia extendida. Las personas que han permanecido a mi lado. Las personas que han acabado siendo más que mis amigos; las personas que me abren cuando llamo a su puerta. A esto se reduce todo. A las personas que tienen que abrirnos las puertas, no porque siempre quieran, sino porque lo hacen.

Todo esto de vivir es demasiado. Demasiado, y no suficiente. Medio vacío y medio lleno.