17 marzo 2013

No se pregunta por qué cuando se trata de amor


En "Anna Karenina", de Joe Wright, todo es bello. Keira Knightley es hermosa. Son hermosos sus vestidos. Y sus joyas. Y sus tocados. Es hermoso (aunque no me guste) Aaron Johnson, con un look tipo Tadzio ("Muerte en Venecia"). Son hermosos los decorados. Las coreografías.

Lo que hace Joe Wright con esta novela, es no sólo adaptarla para el cine, sino que lo hace acercándose y mucho a una adaptación teatral. No en el sentido "pocos escenarios, escenas muy dialogadas, actuaciones muy teatrales", sino que él va más allá y muchas veces nos muestra el escenario en sí, transformándonos de manera más directa que nunca, en su audiencia. Pero así como "achica" algunos cuartos para que puedan entrar en el escenario del teatro, también agranda otros con el fin de hacernos sentir esa soledad, o esa marginalidad en la que sus personajes se encuentran inmersos.

En la película no sólo los bailes son coreografiados (y cómo, haciendo desaparecer al resto de la gente para centrarse en los dos amantes que de repente se olvidan del mundo). De hecho en alguna escena, da la sensación de que alguien (ajam Matthew MacFadyen) se va a poner a cantar.


"Al igual que Anna, yo siempre trato de ser mejor, pero los errores son inevitables en el camino de la vida", dice Keira. Anna encuentra por primera vez la felicidad en un amor prohibido, un amor que es prohibido porque llegó tarde, con una Anna ya casada y madre. Y si bien muchas veces duda del amor que el otro siente por ella, seguramente más que nada por inseguridad porque esas dudas siempre aparecen en sus peores momentos, siempre tiene la certeza de que ella conoce la felicidad gracias a este amor, que antes cuando hablaba de amor en realidad hablaba de otro sentimiento que ella confundía por amor. Porque por momentos, todo parece ser un poco un histeriqueo. Pero es producto de la razón y el corazón que se pelean por dominar. "Lo mejor sería que te fueras", y luego un "No te vayas". El "No tengo vergüenza de lo que soy" antes de decidir salir públicamente para luego volver destrozada gritando "Si me amaras lo suficiente, me hubieses encerrado". 



"Anna Karenina" es rara, por momentos demasiado artificiosa, pero en el fondo, y esto creo que es más que nada gracias a Keira Knightley que parece haber nacido para estos personajes, logra expresar ese deseo (amor, yo creo que es amor) por alguien que está prohibido y que llega para atemorizarnos y luego controlar nuestras vidas.

No conocía la historia en su totalidad porque no he llegado a leer la novela pero sin duda alguna quiero hacerlo, sobretodo porque me da la sensación que que no se queda más que nada en esta historia de amor como sí lo hace el film.

Porque Anna tiene el único final posible para ella. SPOILER. Y está marcada por el tren, ése que le presentó su amor, y hoy se lleva su vida.