14 mayo 2013

Si el mundo se acaba, que sea a tu lado

Dodge y Penny se ven por primera vez, pero apenas se miran, apenas se registran. Se encuentran por primera vez en un llanto desesperado de ella y en la soledad de él a la que ya está acostumbrado. Y se prometen. Necesitan ayudarse a concretar cada uno su último deseo. El de ella, ver a sus padres; el de él, encontrar a su primer amor, quizás su único. Mientras tanto, afuera el mundo está por llegar a su fin.


"Pensé que de algún modo íbamos a salvarnos", le dice ella cuando el final está cerca, eso que pasa afuera, que nunca vemos y que nunca nos interesa, porque sólo ellos importan, estas dos personas ordinarias que se juntan porque están solas, de lo contrario capaz ni se hubiesen visto. La chica amante de los vinilos y que cuando duerme es casi imposible de despertar. El hombre al que su mujer acaba de abandonar, pero la soledad lo encontró mucho antes.


"Ponerme al día conmigo mismo", le dije Dodge que piensa hacer por el resto de su vida. Más adelante, cuando el tiempo que queda ya es menos, ella confecciona una lista de cosas que nunca va a poder cumplir, porque a veces necesitamos llegar a esos puntos límite para darnos cuenta del tiempo perdido: "No voy a perder el tiempo con la persona equivocada. No voy a perder el tiempo de mis padres presentándoles a un futuro extraño. No pasaré más días eligiendo que voy a usar en noches que no significan nada. Basta de preguntarme si estoy con la persona indicada o si es la persona con la que podría tener hijos. Todas esas preguntas ridículas. Es liberador. Así lo siento".


Pensé que de algún modo íbamos a salvarnos. "Lo hicimos", le contesta Dodge. Y nada más queda por decir, ellos logran salvarse, porque logran encontrarse.

Esta historia de amor tan rara como hermosa, con estos dos protagonistas a simple vista tan diferentes, es una de las que más me ha conmovido recientemente.