28 junio 2013

Realidad vs. fantasía

Siempre fui fantasiosa. No quiere decir que no haya aprendido a separar la realidad de la fantasía. Lamentablemente, las diferencio muy bien. Pero nunca dejé de armarme historias en mi cabeza que lejos estaban de algo que alguna vez podría llegar a suceder. Era común en mí irme a la cama, cerrar los ojos, y "escribir" una historia, en general, siempre la misma, que continuaba noche a noche. A veces, las volcaba al papel, pero otras tantas mi mente iba tan a prisa contándola que la mano no daba a basto, y decidía simplemente dedicarme a disfrutarla. Así como era, irreal.


(Acá es cuando empiezo a divagar sobre Before Midnight y recomiendo no leer si no la vieron)
Celine y Jesse también se alimentaron de una fantasía. Ojo, la de ellos tenía un poco más de razón de ser que las mías. Celine le dice a Jesse en París que idealizó aquella noche. Pero no es la única vez que lo hace él, porque años después, sobre su reencuentro en París, volcado esta vez en un nuevo libro, también vuelve a relatarlo de un modo en que no se percibe real, sino producto de quien siente que su fantasía se ha hecho una realidad. Pero como me cansé de decir, ninguna fantasía es real, para convertirse en real se pierde la fantasía, y pasa a ser real. ¿Y cómo es esa realidad? Imperfecta. Porque la perfección no existe, no importa cuánto aspiremos a encontrarla, nunca vamos a hacerlo.

Que Jesse y Celine se aman no hay dudas. No importa cuánto se hieran con palabras. "¿Crees que arruiné tu vida?" le pregunta ella, y él le asegura que no, en un momento de una discusión de varios y largos minutos en un hotel donde deberían estar pasando una hermosa noche romántica a solas. Pero en otro momento, más adelante, le dice una de las líneas a mí parecer más simples y fuertes de toda la película: "Me encanta tu forma de cantar. Arruiné toda mi vida por tu forma de cantar". Lo que pasa es que ambos esperaban otra cosa. Los cuentos de hadas que les leen a sus hijas, en los que siempre se termina con un casamiento también parecen haberlos afectado a ellos. Pero Jesse está un paso adelante. Él idealizó las primeras noches junto a Celine, pero hoy es quien entiende que esto no puede ser de otro modo. "No es perfecta, pero esta vida es real" le dice a una Celine casi en lágrimas, aquella feminista y activista que se cree un Quijote de la Mancha ("Estoy cansada de luchar contra molinos de viento", dice casi al comienzo de la película"). Por eso, la pareja que conforman Jesse y Celine se parece tanto a alguna relación que hayamos tenido, o que vayamos a tener, o que tienen nuestros hermanos, o amigos, o padres. Porque se la percibe real, honesta, con todo lo que conforma el llevar adelante una relación y una familia. Porque creer que sólo con amarse es suficiente es mentirse y no afrontar los problemas verdaderos. Por suerte, más allá de ser la más agria de las tres entregas, es también la más necesaria.

"Así es. Así es como la gente comienza a separarse". Que se escuche eso casi al comienzo de la película es un indicio triste, así como el hecho de que la película se suceda en Grecia no es azaroso. Pero afortunadamente para nosotros y para los seguidores y enamorados de esta parejita, el final es optimista. Sin ser explícito, digno de un buen final de Linklater, y con una posibilidad latente de que regresen en nueve años, se despiden con el "Bueno, debe ser una tremenda noche la que vamos a pasar" de Celine, antes de la medianoche.

Still there. Still there. Still there. Gone.

Me conocen si me leen y saben que suelo obsesionarme con ciertas películas. Creo que Before Midnight tendrá el record de película vistas mayor cantidad de veces en el cine por mí, ya que se estrenó ayer y cuento con mucha ventaja (ya la vi tres).