21 agosto 2013

Roles intercambiables

Lo conociste una tarde de primavera. Te convertiste en su amante. Dijo que se casaría contigo. No cumplió su palabra.

"Una Histoire D'Amour" no es como el título lo indica, una historia de amor. Es una historia sobre dos personas que podrían haberse amado, pero que no se aman lo suficiente a sí mismos como para amar al otro. Es una historia sobre dos personas perdidas, que se ven pero no se encuentran. Es una historia sobre personajes sin nombres, el banquero, la joven mujer, el marido, el psicoanalista, el mayordomo. O quizás sí es una historia de amor, como lo indica el narrador al comienzo, "las historias de amor son planetas privados que se desmoronan y desaparecen cuando sus habitantes salen. Obedecen las leyes que el resto del universo no conoce. Leyes que incluso los interesados ​​pueden no ser conscientes de ellas".

Él es un banquero, rico, aburrido, que disfruta de las putas y del sadomasoquismo. Ella es una hermosa joven, prostituta, pero que vive con su marido, le interesa el dinero y cree en sus promesas. Al principio parece que sí, que lo que vamos a ver es una historia de amor. Al menos en ese primer encuentro, torpe al principio, pero que luego deriva en golpes que él disfruta y en un abrazo fuerte tras el goce. Pero no, no es amor lo que sigue, sino una obsesión.

A él le gusta que lo humillen en la cama, pero fuera de ella, es él quien tiene el control. En lugar de ser sumiso, es el amo, y es ella la sumisa, su esclava, la que acepta cada orden y humillación. Los roles se invierten constantemente. Él está tan perdido que quiere morirse, pero teme que alguien lo mate, excepto que se lo pida. Ella acepta un millón de dólares que él le ofrece, quien incluso le pide casamiento. Pero a sus promesas se las lleva el viento. Y todo se termina transformando en un círculo vicioso para terminar siempre en el mismo lugar: con él humillándola y haciéndole saber que es una puta y lo que él piensa que es una puta. Al fin y al cabo a él le gusta tener el control. Y es que en el sadomasoquismo, al contrario de como uno lo piensa en una primera instancia, quien tiene el control es la persona sumisa, es quien decide cuándo el juego se termina en una relación de mutuo consentimiento. Y acá es así, es él quien decide cómo desea que sea el sexo, violento, para con él, pero es él también quien decide cuándo esto se acaba. Pero así como pretende controlar todo, no puede controlar la fascinación, la atracción desmedida que siente por esta mujer (¿y cómo culparlo? Laetitia Casta es de las mujeres más bellas que hay sobre la tierra). Que sí, que no. La película es un tumulto de decisiones que no se toman... hasta el final. En el que alguien por fin decide terminar con algo que no es sano para nadie, no importa las consecuencias qué esto acarree.

La película de Hélène Fillières presenta climas constantemente densos, pesados; la música acompañada de una puesta en escena fría, nos hace mantenernos al vilo de lo que va a venir, algo que no sabemos que es pero que a la vez no se puede evitar.

Aunque basada en hechos reales, esta historia es ficción. Esa es la leyenda que aparece cuando la película termina, la pantalla se pone en negro y justo antes de que empiecen a llover los créditos.