04 diciembre 2013

It's just the power to charm

Voy a cumplir 26 años y pensar en eso me deprime. No me siento como de 26 años. No me siento como veinteañera. Algo vino fallado en mí, juro que el tiempo pasó más rápido de lo normal, no me dio tiempo a crecer. No me puedo considerar adulta. No soy adulta. Vamos, una adulta no vive en casa de su madre, una adulta todavía no piensa en a qué puede dedicarse el resto de su vida. “Todos te dicen ‘haz algo que ames’, ‘encuentra aquello que amas’”. ¿Qué amas? “No tengo idea. En realidad no me importa. Sólo quiero que la gente deje de preguntármelo”. Algo así dice el monólogo de un personaje de una pequeña gran película que vi y de la que me enamoré, Everyone’s going to die. Lo dice en un auto, con una cámara frente a suyo durante largos minutos. Y no puedo evitar recordar la frase de April (Isla Fisher) en Definitely Maybe, porque es una frase que repetí mucho. Le preguntan qué quiere ser cuando sea grande, aunque ella se supone que ya es grande, como yo. “No sé. Y no sé cómo saber”. Y yo a veces digo que lo sé pero no me lo termino de creer. Porque el tiempo pasa, los años se me pasan a una velocidad increíble, y sigo acá, en el mismo lugar. Sí sé qué cosas me gustan, pero... ¿cómo hacer de eso un modo de vida?


La quiero a Frances y la entiendo. Ella sabe dónde está lo suyo, en el baile. Aunque ya sea considerada vieja y la dejen de lado de proyectos que daba por sentado. Frances va por la vida casi bailando, aunque vaya de decepción en decepción. El amor, la amistad, el trabajo, la economía, todo parece ponérsele en contra, o quizás simplemente ella no entiende todavía sobre nada de eso. Por eso se endeuda y se va a París un fin de semana ¿perdido? Porque necesita demostrar pero sobre todo demostrarse a sí misma que no es una perdedora. Que ella es una persona culta que lee. Que es pobre porque las cosas no le están saliendo bien, porque nada es fácil. Pero sabe que su casa no está con sus padres, de reunión familiar a reunión familiar, sino en Nueva York, junto a artistas que no tengan un peso o sean mantenidos por su padre, allí se siente ella misma. Pero no sola, porque allí es cuando todo se derrumba. La amistad por sobre todas las cosas. Una persona que te entienda, que sea tu otra mitad pero con peluca. Y darse cuenta que la gracia no está en competir, sino en hacer, en moverse, por una misma. Tomo nota.
Frances Ha es una película hermosa, Greta está hermosa en ella, Mickey Sumner lo está. Con algo de Girls (y no sólo algún actor de la serie), pero de un modo menos crudo y no menos intimista, la nueva película de Noah Baumbach, director al cual descubrí gracias a Wes Anderson cuando escribieron juntos el guión de The Life Aquatic With Steve Zissou y luego él le produjo esa maravillosa película que es The Squid and the Whale, es un baile a la vida, y si es con música de Bowie, mejor.