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13 diciembre 2011

Somos cómplices los dos

Last Night cuenta paralelamente dos noches que son la misma.


Una es la de Michael, el marido, frío, que intenta no tentarse con Laura, su compañera de trabajo que no para de provocarlo (Eva Mendes, quien me parece muy poco atractiva por cierto, y bastante mala actuando). Michael hace un viaje de negocios, donde por supuesto ella va, y de quien su mujer, Joanna, ya comienza a sospechar. Trillada y aburrida, que no tiene más que ver con la atracción sexual, no importa las conversaciones que tengan sobre sus parejas y su perspectiva de estas relaciones.

La otra, la parte más interesante, es la noche de Joanna, una escritora que ya no escribe, excepto artículos, espontánea, que disfruta de fumar y beber a veces un poco demás. Aquel mismo día que se queda sola se cruza con Alex, un amor del pasado que es evidente que nunca olvidó. Una noche tienen, pues él al día siguiente viaja. Es una noche entre dos personas que se conocen, aunque ya no estén al tanto el uno del otro, que se miran, se ríen, se abrazan y cada tanto se confiesan. Recuerdan y se reprochan y tratan de entender por qué no están juntos.

Mientras que la otra historia pasa más por lo sexual, ésta pasa más por lo romántico. Es más inocente y cómplice. Y más triste. Y la química que tienen ambos actores (Keira Knightley y Guillaume Canet) es inversamente proporcional a la que tienen Sam Worthington y Eva Mendes, que no me gustaron ninguno demasiado en este film.



In the middle of the night when I can't sleep, I still reply you.

Si conoceré esa sensación. Agradable y horrible a la vez.

Last Night puede ser vista como una película sobre la infidelidad. Pero no creo sea sólo así. Para mí es una película sobre las elecciones que hacemos en nuestra vida. Es una película que supo conmoverme, estremecerme y quizás un poquito lagrimear.

What I wouldn't give to have tired of you.

Esas historias que nos llenan pero a la vez no parecen haber nacido para ser compartidas, sino para guardarse para uno (por algún motivo, cuenta ella, ni siquiera en momentos de mucha felicidad con su marido, o de cierto emborrachamiento, nunca sale a la luz). Para recordarnos cómo somos y cómo sentimos. Aunque nuestra elección sea la más correcta y segura y por lo tanto menos apasionada.