"¡Qué fácil les parecía tener hijos a las mujeres que me rodeaban! ¿Por qué era yo tan poco maternal y distinta? (...) Si tuviera que atender a un bebé todo el día me volvería loca."
Lo curioso, además, es que en la reciente Feria del Libro, en mi stand favorito siempre allí (Waldhuter), donde siempre hago buenos hallazgos, me apareció otro libro de ella. Que no era de poesía. Sino de dibujos. Si bien no tiene demasiado texto, y no lo terminé de leer porque oficialmente nunca lo agarré (pero ya leí el prólogo escrito por su hija y la primera carta, una muy extensa, de las que le dedica a su marido), todo lo expuesto acá se sitúa en un momento mucho más temprano de su vida, y la Sylvia Plath a la que leemos en sus cartas y sus dibujos, es muy distinta a aquella que pone en la piel de Esther Greenwood (el nombre de la protagonista de su novela).
"Me da tal sensación de paz dibujar; más que la oración, los paseos, más que nada".
Sin duda, uno de los personajes más interesantes que ha dado la literatura fue ella. Y de mis preferidos.
