Mostrando entradas con la etiqueta cielo latini. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cielo latini. Mostrar todas las entradas

07 junio 2015

Retrato de una adolescente

"Quisiera ir al cine veinte horas por día, así olvido quién soy y por sobre todas las cosas quién fui". 
A simple vista, Abzurdah (libro o película) trata sobre desórdenes alimenticios. Pero sólo cuando se la mira por vez primera y sin prestarle mucha atención. Es cierto que si el libro de Cielo Latini logró hacerse famoso y convertirse en best seller probablemente fue por destapar algo que estaba bastante oculto (la cantidad de blogs y sitios afines donde chicas enfermas se inspiran y apoyan entre ellas y a sus enfermedades) más que por la calidad de la escritura o, incluso, la trama principal, basada en su propia vida, sí. Es que a grandes rasgos, Abzurdah es la historia de una adolescencia (un poco más prolongada de lo normal) caótica, intensa, problemática, tormentosa. A grandes rasgos, como toda adolescencia. A grandes rasgos. Porque también es cierto que no todos los adolescentes terminan autodestruyéndose así, tanto, con elementos filosos, con un ataque al propio cuerpo, con relaciones que sabemos que no funcionan pero que nos obsesionan quizás por ese mismo motivo, de manera consciente o no.


Amores obsesivos. Dudo que exista alguien que alguna vez no haya vivido uno, sin necesidad de volverse loca a causa de uno. Enviar cientos de mensajes intentando sonar lo más cuerda y razonable posible (y darse cuenta mucho después al releerlo que era cualquier cosa menos eso). Creer que si este amor no funciona estamos perdidos de por vida, que nunca se va a volver a amar así, que no va a existir persona capaz de llenar en algún momento aquel vacío. "Los amores juveniles son así. Obsesivos, absolutos: a todo o nada. Lo terrible es que seis años después uno siga comportándose de esa manera", escribe justamente Latini.

Pienso a la adolescencia como algo tan complejo y difícil de experimentar (y explicar y describir), algo que no es una cosa pero tampoco es otra. No somos niños, nos creemos grandes e impunes, pero somos frágiles e inmaduros. Todo duele más en esa época, estamos más susceptibles, y a la vez nos puede cierta curiosidad y llegamos hasta a jugar con fuego. "El peor arrepentimiento es el de las cosas que no nos animamos a hacer" y es horrible la sensación que queda con un "¿qué hubiera pasado si...?". No sé a dónde voy con todo esto, muchas veces no sé a dónde voy. Pero lo cierto es que Abzurdah no me pareció un gran libro (tampoco está muy bien escrito, creo que faltan correcciones) y su protagonista me resultaba bastante irritante durante la mayor parte del relato. Pero así también fui seguro yo alguna vez, insoportable, no sabía lo que quería y tenía que probar las cosas para saber si eran para mí o no.

Había terminado el colegio. Mis padres me demandaban que comenzara una carrera universitaria. Nunca entendí eso: ¿por qué a los diecisiete años tenés que decidir qué querés hacer con tu vida? Muchos de nosotros no lo sabemos. Y yo, a decir verdad, estaba completamente desorientada. A los diecisiete años no estás capacitado para decidir qué querés hacer con tu vida.

Y ahora sale la película y seguramente miles de adolescentes van a ir a ver lo lindo y cool que aparentemente es tener esa edad y dejarse llevar por cada uno de nuestros impulsos. Porque uno puede pensar muchas cosas, en muchos escenarios, pero no siempre llevar a cabo cada una de esas ideas.

La película no tenía buena pinta desde el trailer. Su protagonista me parecía muy inadecuada. Pero de repente voy al cine a sacarme la curiosidad (sí, curiosa, una palabra que me define bastante) y me encuentro con una película más que decente, a la cual sólo le restaría los últimos cinco minutos (que no combina con el resto del film, SPOILER: ese final repentinamente luminoso y esas placas que apuntan a las estadísticas sobre los desórdenes alimenticios sobran) y en la cual incluso su protagonista hace un laburo muy bueno e intenso.


Sigo sin comprarme la historia de una adolescente que por un hombre comienza a lastimarse hasta querer morir, sigo creyendo que eso no lo causa una persona que simplemente un día te rechaza, que en realidad es producto de algo que está escondido dentro de una. Y la película logra reflejarlo también, aunque muchos quieran verlo del modo más sencillo. Retrata la primera parte de la historia con una estética cuidada que pone en evidencia lo lindo que es, sobre todo en esa edad porque son las primeras, la etapa del coqueteo, cuando deja de ser sólo eso y después cuando la unión termina de materializarse. Es fácil sentirse en el cielo cuando todo alrededor nuestro parece tan bello y perfecto. Pero nada lo es y cuánto más lindo es algo es cuando más tenemos que desconfiar. Nadie es perfecto, la perfección no existe, por eso "nunca se es suficientemente flaca" tampoco. "Perfección es una palabra demasiado grande, aunque muchas veces la haya pronunciado con una lejana liviandad; tan grande es que no conocemos su significado en bruto". Y el personaje de Alejo no tarda en comenzar a dar señales negativas, señales que una no quiere ver y que en su mente disfraza. Y el film retrata muy bien toda esa caída en picada de su protagonista que, además de un amor que no la trata como debe, es producto de una familia acomodada, malcriada, a la que los padres nunca terminan de observar, de escuchar lo que realmente tiene para decir. Por eso siempre pensé que echarle la culpa a Alejo y quedarse sólo con eso es algo totalmente perezoso (si no era Alejo iba a ser Cocol -el que la traiciona al comienzo del relato antes de ser consolada por Alejo bajo el nick de Hogweed- o alguno otro, seguro).

Además, ya lo mencioné muy brevemente alguna vez, "Es gracioso lo del fenómeno de Internet. Muchas veces uno llega a conocer mucho más, o quizás a creer que conoce mejor, a un cyber-amigo que a sus propios familiares o amigos": la sensación de sentir que las únicas personas que nos entienden en realidad son aquellas que una no conoce personalmente, si bien esta parte está mejor plasmada en el libro (es cierto que en el cine es más difícil), dentro de lo virtual, donde a la vez no somos nadie, es algo en lo que no es difícil caer una vez que uno se da cuenta de que dentro de esa virtualidad se puede ser más que nunca una misma. Encontrar alguien con quien hablar cuando se siente que no se puede hablar con nadie más de nuestra familia o amigos.

Con Abzurdah sigo teniendo sensaciones encontradas. Me sigue pareciendo un libro escrito de manera mediocre pero, si bien no me parece una historia demasiado original, está contado de manera cruda, es como la propia escritora lo define: un vómito. Está todo ahí puesto, miles de sensaciones y sentimientos y muchos contradictorios entre sí. Y con la película, el punto de vista de Cielo también ayuda (o no, sería para ponerse a discutir) a no condenar actitudes y decisiones equivocadas, al fin y al cabo de todo se aprende. Y no creo que haya necesidad ni de haber tenido un amante quince años más grande, ni de haberte cortado, ni de haberte muerto intencionalmente de hambre con la idea irreal de ser lo más flaca posible, para que uno logre sentirse identificado con la historia. Es la historia de una adolescencia problemática y creo, ojalá me equivoque, que para casi todos es una época problemática.


Si bien Abzurdah se publicó durante mi adolescencia, yo lo leí recién el año pasado. No sé por qué. Me acuerdo cuando salió, recuerdo haber visto y leído entrevistas a Latini, recuerdo que me llamó la atención pero nunca me compré el libro. Quedó ahí. Hasta el año pasado. Como todo, estoy segura de que lo leí en el momento en que lo tenía que leer.

14 noviembre 2014

Cuando se trasciende lo virtual

A mí internet me cambió la vida. En un principio no parecía que fuera para bien. Cuando me pusieron internet en mi casa, tras estar varios años caminando hasta algún cyber (¿todavía existen esos lugares?), no supe cómo manejar de repente tener todo tan accesible. Es incluso aterrador hoy en día para mí pensar en todo lo que hay en ese lugar virtual, la cantidad de información y de personas.

De manera compulsiva (creo ésa que es una de las palabras que mejor me define) me encerraba en mi casa sólo para poder pasar todo el día allí dentro, o sea, enfrente a la computadora. Me alejé de la vida social, mi vida social era ésa, se sucedía ahí dentro de esa caja cuadrada. A veces es más fácil hablar con gente que no conocés. Lo sabe Lisbeth Salander, lo supo Cielo Latini (perdón, acabo de terminar de leer Abzurdah y quizás ese libro me trajo a mi cabeza aquella etapa de mi adolescencia no tan adolescente, porque la mía duró un poco más de lo normal), y lo supe yo y lo deben saber miles de personas más.

Con el tiempo, tras un fallido paso por la facultad en una carrera elegida casi de manera azarosa, decidí estudiar cine. Ése fue el comienzo de algo que todavía no sabía bien qué iba a ser. Lo cierto es que me hice amigas (amigas de verdad, amigas que años después veo seguido y con quienes hablo casi a diario, a diferencia de muchas otras que pasaron antes por mi vida, que eran más bien compañías momentáneas) y descubrí que sí, que mi pasión estaba en el cine. No sabía bien en qué parte, haciendo qué, pero podía refugiarme en una película en lugar de en algún chat o foro con gente tan perdida como uno.

Pero como las cosas siguen avanzando, como la vida, hubo un momento en que todo se unió en un lugar perfecto. Y allí pienso en un blog de cine que una chica a la que apenas estaba empezando a conocer comenzó a escribir, seguramente sin imaginarse en todo lo que derivaría y, sobre todo, que iba a funcionar como punto de encuentro de gente que también necesitaba conectarse de otro modo y más que nada a través del amor por el cine. Y pienso en Cinescalas, blog por el cual conocí a mucha gente que hoy por hoy considero amigos de por vida. Y yo nunca me caractericé por ser una persona muy amistosa.



Y por eso me enorgullece saber que en unas semanas, en ese festival de cine que no sólo cuenta con un prestigio muy importante, sino que se convirtió en una cita obligada para mí año a año, la gente va a poder ser testigo de lo que pasa ahí dentro, al menos una parte de eso, pero lo que más orgullo me da es saber que soy aunque sea una pequeña parte de eso. Y si bien me aterra la idea de verme en pantalla grande, no puedo dejar de imaginarme con la mejor de las sonrisas qué se va a sentir cuando las luces de la sala se apaguen y la pantalla dé lugar a esta película que es mucho más que una película. Me trajo muchas cosas. Ganas de seguir respirando cine, amistades que sé que van a perdurar toda la vida, y una relación que pensé que nunca iba a ser capaz de tener.


Hoy más que nunca siento que no estoy sola en esto.