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No puedo parar de dibujar y/o pintar. Tengo esos ataques de creatividad que m funcionan como terapia, más que simplemente un modo de matar el tiempo o entretenerme. Escribir es uno de mis preferidos, pero a veces implica cierta concentración que no siempre logro tener, especialmente en ciertas horas de la mañana, y especialmente cuando estoy cansada (y mi necesidad de vacaciones se está haciendo notar cada vez más, y todavía me queda un mes y medio para ellas). En cambio, estas cosas, que la mano se mueva, suceden sin demasiado esfuerzo.
No voy a mentir, me encantaría tener un súper talento para dibujar lo que quisiera, sin embargo eso no sucede.
Nunca las hago, porque las odio, sobre todo al llegar a fin de año y darme cuenta de que no las cumplí. Por eso, esta vez más que "resoluciones", son metas que intentaré ponerme, sin ser muy específica. O sea, mi idea no es llegar a un lugar en particular, sino recorrer cierto sendero. No tiene mucho sentido, digamos, lo importante no es llegar, lo importante es el camino. Así que lo que quiero, y espero, de este próximo 2016, son estas cosas:
+ Escribir más. Y volver a escribir pensando en cine, dejé mi faceta de guionista enterrada así que necesitaré una pala y jalar bastante pero la idea es recuperarla.
+ Ver más películas. Bueno, esta no es muy grave porque este año llegué a mi promedio de ver una película por día (incluyendo algunas que reveo), pero nunca está demás.
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+ Leer más. Creo que apenas pasé los veinte libros leídos en su totalidad en este año y no es que me parezca muy poco pero, pensándolo, más que "leer más", debería poner "ser más constante". Me compro cantidad enorme de libros, empiezo unos cuantos al mismo tiempo, y así demoro mucho en terminar uno. Supongo que constante es algo que no soy en muchos aspectos de mi vida.
+ Usas más cuadernos. Tengo miles, porque es otra cosa que compro compulsivamente. Y se ven tristes y solitarios allí en un mueble sin ser usados, rayados, coloreados, lo que fuera. Y no salir de casa sin uno en mi cartera.
Como verán, nada de "ponerme a dieta", "hacer más (o algo al menos de) ejercicio", "ahorrar", y todas esas resoluciones aburridas. Probablemente también debería hacer todas esas cosas pero... supongo que vivo pensando que ya tendré tiempo para cosas como esas, y en algún momento me voy a dar cuenta de que no. Mientras no sea ahora este momento puedo seguir empujándolas.
Si bien no le doy tanta importancia a estas festividades no niego que es algo más que una excusa para que la gente se junte (y coma, y se dé regalos). En mi caso, después de la tradicional (y cuasi obligatoria, porque es imposible escaparse de una u otra) reunión, no hago más que pasar el día en casa, tranquila, viendo películas, o leyendo un poco. Algo así como el fin de semana largo que además es.
Y de repente, así como quien no quiere la cosa, llegó diciembre. Llegó el último mes del año. Ése que se siente como el viernes de los meses. Pero no lo es, otro año no es igual que otra semana. A esta altura pensábamos que íbamos a tener muchas cosas resueltas, o cambiadas, y no siempre sucede. No siempre me sucede. Por eso dejé de hacer resoluciones, porque los balances finales no me daban.
A veces siento como si el tiempo pasara velozmente mientras yo doy pasos chiquititos y lentos. No voy al mismo ritmo, por eso no me siento como de los veintiocho años que estoy por cumplir en un par de semanas.
Si me dan a elegir entre playa y cine, elijo cine. En realidad, si me dan a elegir entre casi cualquier cosa y cine, elijo cine. Por suerte, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó con mucho frío, así que no se me miraba con cara rara por elegir pasarme todo el día de sala en sala. Bueno, por suerte nunca se me ve con cara rara en estos lugares que junta a mucha gente como una.
Mis días consistían en levantarme muy temprano para poder ver la Competencia Internacional (después debía encontrar el tiempo para escribir al respecto y lo hice siempre y cumplí muy bien). El resto del día, lo utilizaba a gusto y piacere.
Había días en que, aun sabiendo que al día siguiente tenía que levantarme temprano, veía películas que comenzaban a la medianoche. Otra cosa que disfruto y mucho de hacer cuando voy a cualquier lado, es comer. Y acá no fue la excepción. Si bien ya conozco mis lugares favoritos (Raza Pancha, La Fonte D'oro, Manolo's entre otros), este año se sumaron las heladerías Lucciano's, que no sólo tenían helados ricos y de sabores poco comunes algunos (como el de mandarina, que probé y me gustó mucho y no es de agua), sino helados hermosos, como el de la foto:
Podría muy bien hacerme un blog con recomendaciones gastronómicas (en algún momento se intentó con mi novio pero fracasamos en mantenerlo) y acá van los que más me gustaron, sumando el Pizza Bus, donde no sólo hacen rica pizza y las porciones son enormes, sino que comés literalmente arriba de un colectivo.
(Ese día en la Fonte d'oro me pedí el único de los cafés "raros" que podían gustarme -ya que no me gusta la leche- y era nada menos que una bomba: café, dulce de leche, crema y chocolate)
(Los panchitacos de Raza Pancha no pueden faltar además, en serio, es un lugar donde se come muy bien y muy barato)
Volvamos al cine, lo importante. Vi unas 28 películas. Repetí una: "The Devil's Candy", que es increíble, una de terror a puro metal, del director de "The loved ones", película que vi en algún momento y me había gustado mucho también, director ya fichado por mí. Me perdí muchas, en especial cine argentino; al dedicarme tanto a la competencia internacional no pude ver casi nada de las otras. Camino a la paz, Paula y Hortensia son las que más me interesaban ver y no pude conseguir. Vi Kryptonita (a las 12 de la noche), que era muy esperada por todos y la vi de casualidad porque cuando saqué la entrada me equivoqué de horario y me di cuenta en el momento y las entradas se agotaron de manera veloz.
Mi top 5 (aunque sin orden específico) de películas del festival es el siguiente:
- Tangerine. La única de la competencia internacional que logró enamorarme. Sí, vi algunas buenas, algunas malas, algunas no tan malas pero demasiado pretensiosas para mi gusto, en fin, de todo, pero ninguna se quedó conmigo como esta, del director de mi querida Starlet.
- The Devil's Candy. Claro, por algo repetí. Es buenísima y en serio.
- Lace crater. Es increíble, tiene como uno de sus protagonistas al fantasma más tierno del cine. Por momentos es bizarra, pero por otros se pone más profunda. A la larga se trata sobre una mina que tiene sexo casual y sin protección (con un fantasma) y a partir de ahí comienza a sufrir las consecuencias, entre otras, las miradas poco afectivas de quienes se suponía que eran sus amigos.
- Anomalisa. Una sola oportunidad había de ver la última película de Vharlie Kaufman, en la cual se mete con temas que ya trató, pero a través del stop motion. El resultado es hermoso, desolador, agridulce.
- Me and Earl and the dying girl. Sí, me gusta el cine norteamericano indie, por si no se dieron cuenta las cinco películas provienen de ahí. Esta película suele ser comparada con "The fault in our stars" pero lo cierto es que salvo que tiene como protagonista a unos adolescentes, y que ella tiene cáncer, es bastante distinta. Más divertida, original y además con mucho amor por el cine. Sí, en algún momento se llora. En mi último fin de semana en Mar del Plata incluso me compré el libro y en menos de 24 hs ya lo había terminado.
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Por último, Mar del Plata durante el festival es también sinónimo de encuentro con amigos. A veces incluso los veo más allá que acá. También es viajar con alguna amiga (este año no fui con quien sí los años anteriores, y la que vino iba al festival por primera vez y eso estuvo bueno).
Y sí, algo de arena, sol y mar. Aunque siempre llevo a pasear la bikini (nunca me animo a ponérmela), no importa que algún día sí esté para meterse al mar.
No es raro en mí que me encierre un día a ver muchas películas (mi récord fueron 6, y creo que por la duración promedio que tienen no creo que sea posible de superar), pero no siempre sucede que: 1. me acompañen (mis maratones suelen ser en festivales de cine donde hago la mía), 2. sean todas en 3D, un formato que no suele ser mi favorito pero que últimamente se apoderó de las salas de Buenos Aires... Hay que ir con una cabeza y vista muy sanas, supongo, para bancarse seis horas en un solo día en 3d. Pero eso no viene al caso.
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Sí, The Martian, The Walk y Pan fueron las elegidas, películas que no había podido ver antes y, ansiosa como soy, no quise esperar más para hacerlo.
A grandes rasgos, The Martian me gustó bastante y las películas con temáticas especiales tienen que ser muy entretenidas para que no me aburran. Interstellar, adivinarán me pareció innecesariamente rebuscada y aburrida. Pero The Martian cuenta con algo que para mí es un plus: está escrita por Drew Goddard.
The Walk vale más que nada verla en el cine. Estoy segura que en el living de tu casa es bastante olvidable. Es que la historia, la construcción de personajes, es bastante desabrida. En cambio, en el cine se logra generar vértigo, y pone los pelos de punta.
Pan es una película extraña, visualmente desbordante (es Joe Wright, quien con Anna Karenina ya empezó a jugar con esas cosas), rockera (suenan versiones de Nirvana y de los Ramones) y muy divertida, creo que tanto para público infantil como adulto. Esta precuela sobre la historia que todos conocemos se encarga de llenar algunos huequitos (no todos) y presenta personajes muy coloridos, todos logran destacarse.
Hace unos años, cuando recién empezaba a escribir sobre cine, al menos de modo oficial (desde unos años antes lo hacía en este mismo blog), una de las primeras funciones de prensa a la que asistí (creo que fue la segunda) fue la de una película francesa que por aquel entonces sólo sabía que estaba protagonizada por Audrey Tautou, uno de los rostros actuales franceses más conocidos por el mundo. La película en cuestión era La Delicattesse, que resultó ser una comedia romántica con un tono tierno y bastante original. El texto que salió de allí lo pueden encontrar acá.
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Al poco tiempo, semanas quizás, me sorprendí al encontrar el libro seguramente en algún Yenny o alguna cadena por el estilo. Y cuando lo leí quedé fascinada con lo lindo que era, cómo una historia trágica se iba convirtiendo en algo tan bonito. Me gustaba especialmente el modo en que estaba estructurado, con acotaciones "aleatorias" (a simple vista, porque en realidad nada es aleatorio) sobre otros libros mayormente pero también sobre otras cosas, incluso películas, que terminaban de aportarle algo distinto, original al libro.
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Cuando un tiempo después, no tengo mucha noción del paso del tiempo así que no tengo idea de cuánto puede haber pasado, probablemente un año, encontré otro libro del mismo escritor, apenas leí de qué se trataba y me lo llevé sin dudar. Me lo devoré. Se trataba del que hoy es uno de mis libros de cabecera, "Estoy mucho mejor", del que ya he escrito por estos pagos. Probablemente el libro que más he subrayado en la vida.
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Como allí mismo escribía, "Lennon" me supo mirar desde alguna vidriera y tampoco pude resistirme. Lo cierto es que, para variar, también me gustó mucho. No sólo me permitió conocer a una figura mítica de la historia de la música, sino que también sabía estar narrado de manera original (esta vez en primera persona a través de unas pocas sesiones de terapia a las que asiste el protagonista) sino que seguía siendo una lectura amena y optimista.
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Y este mes aparece en las novedades de mi página de inicio un post de Alfaguara (la editorial que los publica acá) con los lanzamientos de septiembre y vuelvo a encontrarme con su nombre. No sabía de qué iba su libro, titulado simplemente "Charlotte". Leo la sinopsis. Sé entonces que me voy a encontrar con una historia triste. Al fin y al cabo ya sé cómo va a terminar. Lo empiezo. Me sorprendo nuevamente por el modo en que está escrito, otra vez distinto, con frases cortas de no más de una línea, puntos apartes, casi como si fuera poesía pero no lo es, es una narración en prosa pero con más pausas de las que uno acostumbra. Esas pausas las explica el propio escritor que no teme introducirse en su propia novela, son como respiros. Porque esta vez el Foenkinos no es aquel escritor de historias alegres, y termino la primera parte del libro con lágrimas en los ojos.
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Hace una semana, o quizás dos, o quizás entre una semana y dos, que me enteré de casualidad (creo que por el twitter de Les Inrockuptibles) que David Foenkinos venía a la Argentina. Ni siquiera conocía FILBA. Pero averigüé dónde iba a estar y allí fui. Anoche, a la proyección de "La delicadeza" en la Alianza Francesa. Y hoy, a La Abadía, donde estuvo dando una charla junto a otra escritora, de Nueva Zelanda. Así que cambié de cartera, agarré una más grande y metí mis cuatro ejemplares de los libros escritos por él con la esperanza de que me los firmara. Y así fue. Y sus dedicatorias son casi tan tiernas como sus libros.
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Me di el gusto. Además es muy simpático y agradable, tanto como sus libros podrían hacerlo suponer. Me quedarán por leer el resto de sus libros, no editados acá. Y algunos en inglés, ya que de francés no sé nada. Por suerte, Book Depository puede ayudarme con algunos al menos.
"Honeymoon" es la palabra más romántica en la que pudo pensar Lana del Rey, según sus propias palabras. "Honeymoon" es su último álbum, un conjunto de bellas y melodiosas canciones. Canciones que me obsesionaron y me obsesionan aún más con el paso de los días. Porque lo dije una vez, después del amor llega la obsesión. Y mis obsesiones crecen potencialmente.
Desde que salió el álbum no paso un día sin escucharlo. Lo escucho varias veces al día e incluso en algunas canciones hago repeat una, dos, puede que varias veces más.
Y la canción que más suena en repeat es "The blackest day", canción con la que me encantaría deprimirme, tan hermosa y triste.
(The tiny book of tiny stories de Hitrecord -Joseph Gordon Levitt-, no me acuerdo cuál de los tres)
Because I'm going deeper and deeper
Harder and harder
Getting darker and darker
Looking for love
In all the wrong places Oh my God
La bizarra pero hipnótica "Salvatore", la extraña y romántica "Freak" (We could slow dance to rock music, kiss while we do it, talk till we both turn blue), la pegadiza "Music to watch boys to" (I live to love you and I love to loe you), "Terrence loves you" (I lost myself when I lost you), "Art Deco" (A little party never hurt no one), y un cover de Nina Simone, "Don't let me be misunderstood", entre otras hacen de este álbum una parte esencial de mi vida de acá en adelante. ¿Exagerada yo? Quizás, pero Lana es todo, imposible despegarse de ella. Al menos para mí. Supongo que su música es para amar u odiar. A algunos le aburre, y a otros le fascina. No hay término medio. Es blanco o el día más negro.
Por culpa suya es que me gusta tanto el cine de terror. Freddy Krueger fue uno de mis ídolos (sí, ídolo) de la infancia. Y ya de adolescente, y un poco más adulta (nunca del todo) gracias a su regreso, las películas de Scream me acompañaron siempre en mayor o menor medida.
Hace poco tuve ganas incluso de revisitar estas dos sagas que formaron parte de mi vida con tanta intensidad. Si bien las de Pesadilla no son todas de él, sin dudas en las mejores está él. Mis preferidas son la primera, claro, la tercera, que no dirige pero es uno de los que escribe el guión, y la última, la New Nightmare.
¿Y qué se puede decir de Scream? La primera marcó un antes y un después en el género. Después le seguirían cientos de copias pero ninguna logra igualarla. Sus continuaciones pueden ser un poco más flojas pero a mí personalmente, lo que hizo con la última, me pareció muy interesante y la banco a muerte.
Esas son las que elijo recalcar hoy de un director que se convirtió en ícono del cine de terror.
Me gusta escribir. No es novedad. Y si bien últimamente he decidido escribir mucho en formato digital (y cuando digo mucho realmente quiero decir mucho pero también es cierto que escribo más que nada para mí y nadie más que yo), siempre amé escribir a mano.
Tengo cantidad enorme de cuadernos que me compré sólo porque eran bonitos y la mayoría están sin uso porque ya no se me ocurre en qué usarlos. Y amo los artículos de librería por lo que cada dos por tres salgo de Librerías Levalle (me gusta porque es como un shopping, aunque sólo me gustan cuando no me preguntan los vendedores constantemente qué estoy buscando, sobre todo porque nunca busco nada en particular) con una bolsita llena de biromes, marcadores, lápices de colores y alguna cosa más.
Hace poco mi novio me regaló, como para inspirarme a escribir, la Antiagenda de Keri Smith. La verdad es que nunca había comprado nada de ella porque en general me parecen un poco estúpidas sus propuestas (bueno, sabía más que nada de Wreck this journal y no me interesaba en lo absoluto aunque después descubrí que tiene muchas cosas y puede que alguna otra me interese un poquito). Lo cierto es que es una divertida manera de escribir, a veces cosas profundas e importantes (me sirvió como desahogo en un momento reciente que tuve de crisis -una de mis tantas) y otras más intrascendentes o aleatorias, como listas de cosas. Y además su diseño es tan bonito que me permite hacer otra de las cosas tontas que me gusta hacer: colorear.
Pero como últimamente no sé por qué me he sentido más inspirada que de costumbre, y tenía un bellísimo cuaderno lata que me compré como producto de uno de mis tantos impulsos, decidí que era hora de empezar mi diario.
No es mi primero y seguramente no será el último, pero hace muchísimo que no escribo oficialmente en un diario. Sí llevo siempre un cuadernito conmigo por si a veces estoy fuera de casa y necesito escribir, pero esos cuadernitos terminan siendo un rejunte de notas sin mucho sentido entre sí.
Así que hoy me propongo empezar este diario y ser constante, algo que en mi vida me cuesta y mucho, quizás por lo rápido que cambio de opinión o que me aburro de las cosas. Y lo firmo acá por escrito así en caso de abandonarlo cuando entré a leer esto me sienta mal, como cada vez que leía las resoluciones que hacía a fin de año (que decidí dejar de hacer y listo) y nunca las había cumplido.
Sí, es por la película de Wes Anderson, que es mi película favorita en el mundo. Pero para mí no sólo es una cita, sino un modo de decir que siempre he querido (I've) pertenecer a su universo.
No, no me dolió. Tampoco fui con miedo. Siento cierta fascinación por las agujas pero esto se parece más a que te estuvieran quemando a que te pinchen.
No creo que sea el único. Siempre amé los tatuajes pero en mí nunca los imagino bonitos. Necesito que sean discretos y, claro, con mucho significado. Por eso la primera opción no podía ser otra. Y si bien no tengo diseños en mi cabeza (ni lugares en el cuerpo, lo que más me costó decidir), sé sobre qué o quiénes quiero que sean mis próximos dos.
No es tan grande como aparenta en esta única foto que le saqué por el momento. Es algo que me dijeron mucho, por eso lo digo, es pequeño, de hecho creo que la mejor definición es: "tierno".
Por otro lado, no puedo dejar de agradecer a El Demiurgo de Hurlingham por incluirme en este premio. Me tomo algunos días más para pensar mis recomendaciones mientras tanto.
(imagen robada de la cuenta de twitter de @queleer)
Terminé de leer "Ciudades de Papel", de John Green. La verdad es que lo empecé sin demasiadas expectativas. Había leído ya un par de novelas suyas y temía que fuera un poco más de lo mismo. Y si bien en cierta forma lo es, me sucedió especialmente con el último tercio del libro que no pude dejarlo. Sin entrar mucho en detalles, toda la parte del viaje, del road trip, me pareció hermosa.
Quienes leyeron el libro sabrán por qué luego quise leer a otro de mis eternos pendientes: Walt Whitman. Por eso me compré su libro "Leaves of grass".
En "Ciudades de papel", Q lee incontable cantidad de veces "Canto a mí mismo" y líneas de este poema que Margo dejó marcados, para poder encontrarla.
Un día como hoy nació Walt Whitman. Puede ser un buen día para empezar a leerlo, ¿verdad?
Estoy sentada desde hace más de una hora en un Starbucks. Comí algo y ahora bebo café. Y leo a John Green. A mi lado, la ventana. Hay una chica que reparte volantes. No sé de qué son. Le deben aceptar uno de cada veinte o menos. Y ella sigue con una sonrisa amable siendo rechazada múltiple cantidad de veces. Yo no podría soportar tanto rechazo. Me dan ganas de pasar por enfrente sólo para recibirle alguno. Recuerdo que mi madre una vez me dijo que siempre acepta los folletos o volantes que le den, porque siempre se imagina que podría ser alguna de sus hijas (podríamos haber sido, ya estamos lejos cada una de su primer trabajo y sólo una de ellas, no yo, claramente, pasó por ese). Y desde entonces, yo también.
Este relato surge a partir de un "juego", una consigna que nos pusimos con mi novio, en la cual paseando por el Museo Provincial de Bellas Artes "Dr. Pedro E. Martínez" (en Paraná, Entre Ríos), en nuestras últimas vacaciones elegimos cada uno una obra para el otro. Esa imagen tenía que funcionar como disparador para un relato que escribiéramos. Mi novio eligió esta para mí:
Y yo escribí lo siguiente:
Otra noche más
Otra noche más. Abril se cepillaba su cabello frente al espejo de su cómoda. Lo hacía de manera mecánica, no porque su cabello necesitara ser cepillado aún. Esperaba. Ya estaba vestida (o casi), esperando a que el reloj marcara el momento de comenzar.
En punto golpearon la puerta y, sin esperar un "adelante", entró Ricardo. Se paró detrás de Abril y la miró a través del reflejo del espejo. "Estás hermosa", le dijo casi en un susurro y besó suavemente su frente. Ella le creyó, como le creía cada noche. No porque se creyera hermosa, el tiempo y las experiencias comenzaban a hacerse notar en su rostro y en su cuerpo, sino porque sabía que así la veía él.
"¿Ya estás lista?", le preguntó y Abril asintió en silencio. Ricardo se retiró sin decir más. La puerta se cerró y ella se puso perfume en el cuello. Apoyó el frasco en el mismo momento en que golpearon la puerta. "Adelante", dijo ella y la puerta se abrió y entró un hombre al que aún no miraba, todavía con sus ojos puestos en la imagen que le devolvía el espejo. No se moría por saber, en cierto modo ya lo sabía. Eran todos parecidos. En su mayoría, hombres mayores, casados, pagando para que juegues a interpretar un personaje, para que les hagas creer aunque sea por un rato que son deseados y que tienen el control sobre una.
Serían varios así esta noche. Todavía era temprano y quedaba mucho trabajo por hacer. Abril cerró los ojos y cuando los abrió era otra persona. Ahora sí estaba lista para otra noche más.
*****
Confieso que me inspiré en algo que escribí hace mucho tiempo (algo que empecé a escribir pero nunca terminé, una constante en mi vida), digamos que utilicé ese mismo universo, y a esos mismos personajes.
Con esta frase (de uno de los cuatro libros que tengo de Alberto Fuguet, ¿quién iba a decir que iba a leerlo tanto, aunque todavía no haya terminado todos?) y una idea robada del post de Escribir.me, un blog que descubrí recientemente y me estaría gustando mucho, escribo algunas de las cosas que hago cuando necesito escaparme:
Bueno, antes que nada, las que cita Fuguet en su libro "Missing (una investigación)": cine, escribir, leer. Mis tres métodos preferidos de escape. Podría citar también una película que vi en el último BAFICI, "The Royal Road" (porque soy citadora compulsiva) donde su protagonista lo resume así: "All I want to do is read novels and go to the movies". Otros:
* Salir a merendar. Sola. Decidir que hoy me merezco, sin importar calorías (odio que me estén importando cada vez menos, mejor dicho, me corrijo, que esté queriendo creer que me afectan menos de lo que me afectan realmente), algo bien rico.
* Ir de compras. Sí, seré superficial, materialista, llámenme como gusten, pero la sensación de llegar a tu casa con una o más cosas nuevas y ya pensar en estrenarlas es algo que me permite olvidarme un ratito de cualquier cosa que pudiera estar haciéndome mal.
* Los abrazos de mi novio. Suena a cliché, suena cursi, y un poco me odio a mí misma por hacerlo, pero es así, son mi casa, donde me siento protegida.
* Cerrar los ojos y fantasear. Con cualquier cosa. Generalmente, duh, escapar. Con salir un día de mi casa y no llegar nunca a mi trabajo. No puedo evitar preguntarme, ¿cuánto tiempo pasaría hasta que comenzaran a preguntar por mí? ¿En qué momento se daría cuenta mi novio de que no le respondí ningún whatsapp?
* Dormir. Y antes de irme a dormir, seguir fantaseando. Pero me gusta la sensación que tengo de que al dormir todos mis problemas y preocupaciones se van a evaporar. No siempre sucede, pero es cierto que muchas lucen peor de noche y al despertar las cosas tienen otro color.
Hace poco que me di ese gusto pendiente de la vida que tenía que era leer The Bell Jar, de Sylvia Plath. Hasta el momento había leído a otras escritoras influenciadas por ella, y sólo un par de poesías suyas. Su única novela es un libro agridulce y hermoso, pero que al retratar el avance de la enfermedad mental de su protagonista (en una novela semi autobiográfica, dato no menor) se imprime de un dejo de tristeza. El tema es que más allá de describir, a su manera, esta enfermedad, es imposible en más de un pasaje no sentirse identificada, al menos para quien les escribe.
"¡Qué fácil les parecía tener hijos a las mujeres que me rodeaban! ¿Por qué era yo tan poco maternal y distinta? (...) Si tuviera que atender a un bebé todo el día me volvería loca."
Lo curioso, además, es que en la reciente Feria del Libro, en mi stand favorito siempre allí (Waldhuter), donde siempre hago buenos hallazgos, me apareció otro libro de ella. Que no era de poesía. Sino de dibujos. Si bien no tiene demasiado texto, y no lo terminé de leer porque oficialmente nunca lo agarré (pero ya leí el prólogo escrito por su hija y la primera carta, una muy extensa, de las que le dedica a su marido), todo lo expuesto acá se sitúa en un momento mucho más temprano de su vida, y la Sylvia Plath a la que leemos en sus cartas y sus dibujos, es muy distinta a aquella que pone en la piel de Esther Greenwood (el nombre de la protagonista de su novela).
"Me da tal sensación de paz dibujar; más que la oración, los paseos, más que nada".
Sin duda, uno de los personajes más interesantes que ha dado la literatura fue ella. Y de mis preferidos.
"I am a free spirit who never had the balls to be free", citando el libro "Wild" y me doy cuenta de que eso me pasa mucho. Quisiera poder irme más lejos, incluso sola, escaparme, pero no me sale, nunca me salió, no sé si me va a salir ser así en algún momento.
También supongo que estoy sufriendo la depresión de estar tan cerca del final de mis vacaciones y saber que me toca volver a un laburo en el que cada vez me hallo menos y donde no soy yo en absoluto.
Recibida de Guionista de Cine y TV en el CIEVYC. Actualmente hago de crítica de cine. Wes Anderson me inspira día a día. 28 años y sagitariana. Veo muchas películas, leo, escribo y fantaseo demasiado. Estoy locamente enamorada de Angelina Jolie.
Sueño que me caso con Wes Anderson y juntos escribimos películas en las confiterías de París. Soy adicta al té y a Instagram, y alérgica al ejercicio físico. No salgo de casa sin mis auriculares y me gusta subrayar mis libros con birome. También compro compulsivamente cuadernos y otros artículos de librería.