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11 agosto 2014

Retrato de una etapa


Si hay un momento en la vida difícil de transitar, de describir, de recordar, de retratar, de todo, es la adolescencia. En el Festival de Cine de Mar del Plata de la última edición tuve la oportunidad de ver "Teenage", un documental que no se preocupaba por entenderla, sino más bien por contar cómo fue que se originó el término, que se la empezó a reconocer como tal, porque no podía ser todo tan simple como pasar de la niñez a la adultez así como si nada, es más bien un homenaje que un análisis. "I loved being 17. I wish I could stay this age for a while. Seventeen is that perfect spot between adolescence, wish means you’re going somewhere, and adulthood, which means you’re on the downgrade". Pero si buscamos películas que retraten aquel caótico momento de nuestras vidas, cuando no nos sentimos niños pero tampoco adultos, las responsabilidades nos aterran y creemos que nos podemos llevar el mundo por delante, sin escuchar nada ni a nadie, yo siempre elegía "Dazed and confused" de Richard Linklater. Esa película siempre sentí que reflejó mejor que nunca ni nadie aquellos años, perdidos. Relaciones intrascendentes, noches eternas de hacer nada, la necesidad de diferenciarse del resto, alcohol como medio para todo.


Y de repente aparece Gia Coppola, nombre que ya conocía porque, claro, quién no conoce su apellido. Pero como yo a ciertos miembros de esa familia los admiro con devoción, es que ya sabía que ella era sobrina de Sofia Coppola, como saben, una de mis realizadoras favoritas. Bueno, además sabía que había dirigido algunos cortos, incluso subí uno hace tiempo con la música de Rooney, la banda de otro miembro de la familia que me gusta mucho, Robert Schwartzman, y que acá en la película a la cual le dedico principalmente este post está a cargo de la banda sonora de la película. También conocía el video musical que dirigió de Coconut Records, el proyecto musical del hermano de Robert, mi amadísimo Jason Schwartzman (a mí que me gusta relacionar todo, les cuento que es uno de los que ponen la voz al documental mencionado arriba). Y entonces llega su primer largometraje.


"Palo Alto" está basada en un libro de historias cortas escrito por James Franco (sí, el multifacético James Franco adicto a instagram), que además acá colabora con el guión. Como no puedo conmigo misma, antes de ver la película quise leer el libro. Por suerte existe Book Depository (el único que sufre es mi bolsillo) y por suerte los libros, en este país donde uno no puede comprarse nada en el exterior para que te llegue por correo, llegan sin problemas. Con respecto al libro me pasó que tuve sensaciones encontradas. Varias historias no me terminaban de gustar y la idea de que todas quedaran tan inconclusas, terminaran tan de repente me irritaba un poco. Pero entonces llegué a aquellos relatos que hicieron que no pudiera parar de leer y eran aquellos que tenían como protagonistas a, entre otros, Abril, Teddy y Fred. Y de manera muy inteligente es que en esos relatos está basada mayormente la película.

Gia es una directora principiante, sí, pero no sólo viene del rubro de la fotografía, sino que, como aclaré en un principio, de una familia de cine. A nivel técnico se le puede reprochar caprichos pero nada desde lo formal.

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El guión no se enfoca en un conflicto en particular, sino en retratar esta etapa a través de algunos personajes. Un joven (Nat Wolff) que sólo parece causar problemas, que está lleno de preguntas y pocas respuestas. Otro (Jack Kilmer, sorprendiendo con su actuación) que se enamora de una chica a la que apenas le habla pero se deja arrastrar por la "más rapidita" aunque no signifique nada, que tiene problemas con el alcohol y por culpa de éstos, con la ley . Esta chica que sólo puede relacionarse con los hombres ofreciendo sexo y esperando algo más, que nunca le van a dar. Y la chica virgen, a la que le coquetea su entrenador (personaje que James Franco se reserva para sí) y cuyo affaire no hace más que ilusionarla con esas palabras de que ella es algo bueno y real, y destrozarla, porque es en esa edad en la que el amor duele más, y porque se dice a sí misma "I wasn't good. I was regular. Or worse" (cita textual del libro). "Desearía que nada me importara, pero todo me importa demasiado". Y como si fuera poco, ninguno parece tener atisbo de qué va a hacer o suceder de él en el futuro. "¿Qué querés hacer?". ¿Acaso hay pregunta más aterradora que esa? ¿Tengo que volver a citar esa película que seguramente no vio casi nadie porque apenas pasó por un festival de cine como el de Mar del Plata, sin pena ni gloria, "Everyone's goindg to die"? “Todos te dicen ‘haz algo que ames’, ‘encuentra aquello que amas’”. ¿Qué amas? “No tengo idea. En realidad no me importa. Sólo quiero que la gente deje de preguntármelo”. Las figuras adultas casi  no aparecen y si lo hacen son más bien caricaturas de sí mismos.

Para algunos quizás "Palo Alto" se quede a medio camino. Para mí, la idea es no llegar a ningún lado. Ellos no llegan a ningún lado, y probablemente no lo hagan nunca. El final es casi el mismo final que tienen todos los relatos de James Franco, algo que termina porque tiene que terminar no porque sucede algo que debería darle fin.

27 octubre 2013

Casa es donde sea que estés vos

Estar enamorado se siente como estar en casa, decía hace poco por estos pagos. Porque es la mejor forma que encontré de expresar esas cosas que uno sabe sentir pero no describir.


"Home is wherever you are" dice una canción al principio de la película, y vuelve a sonar en el cierre. Y me la razón.

Confieso que a pocos minutos de empezar la película, temía encontrarme con una película como muchas, de esas que ya vi incontable cantidad de veces. La cínica, el romántico, y el que vive atrapado en un pasado que ya no existe. Pero a medida que la película se sucede, el modo natural en que los personajes van viviendo sus experiencias, la hace especial. La hace especial junto a la hermosa banda sonora y a las cientos de referencias tanto musicales como literarias.

La cínica se enamora porque por más fuerte que sea su miedo a salir herida, hay cosas que no se pueden evitar. Y el hecho de encontrarse con alguien con quien comparte su libro preferido, o conoce "Between the bars" de Elliott Smith, o a su madre, a quien él cuida y acompaña con dedicación, no hace más que enfrentarla con la realidad de que es tan humana como todos, y que no podemos evitar sentir.

El romántico se pone en el papel de héroe, de rescatista. Intenta salvar a Kate, es ella la que le dice que cree que le va a hacer mucho bien pero tras una fuerte recaída, un golpe contra el piso, que a lleva a rehabilitación reconoce que es ella la que tiene que salir del sitio oscuro donde se metió. Y después está él, el padre, el ex marido, que si bien hace más de dos años que se separó, sigue esperándola, sigue aguardando ahí afuera, espiándola, y no puede vivir su vida más que de una manera mecánica.

Los tres son escritores pero cada uno se dedica a escribir como puede. Él, el escritor ya consagrado,  tiene en su haber un par de libros que lo han posicionado bien pero ya no escribe, no desde que ella no está. Ella escribe sobre su modo de ver la vida y las relaciones, o del modo que quisiera hacerlo, el más sencillo, pero también el menos agradable, en base a experiencias sexuales vacías. Y el romántico no puede escribir si no vive, es de la experiencia de donde nace el escritor, se lo dice su padre, y se lo tiene que decir para que él pueda salir y defender a la mujer que ama.

 

Son varias historias pero todas confluyen en ese mismo lugar: en ese hogar, aquel donde no es que sobran platos, sino que nunca faltan.